La temporada de calor implica mayor exposición solar, sudoración y, en muchas personas, más tiempo al aire libre. Estos factores pueden favorecer quemaduras solares, manchas, irritación y empeoramiento de algunas afecciones cutáneas. Por eso, el cuidado de la piel debe adaptarse a las condiciones ambientales.
- Protección solar: el punto más importante
La radiación ultravioleta (UV) es uno de los principales factores relacionados con el daño cutáneo y el cáncer de piel. La OMS recomienda adoptar medidas de protección cuando el índice UV es de 3 o superior.
Durante los días de mayor exposición se recomienda:
- Utilizar un protector solar de amplio espectro, con protección frente a UVA y UVB y SPF 30 o superior.
- Aplicarlo generosamente en las zonas expuestas.
- Reaplicarlo aproximadamente cada dos horas y después de nadar o sudar.
- Complementarlo con sombra, ropa protectora, sombrero de ala ancha y gafas de sol.
- Evitar utilizar el protector solar como una forma de prolongar la exposición al sol.
La protección física es especialmente importante porque ninguna crema bloquea por completo la radiación UV.
- El calor y el sudor también afectan la piel
Las altas temperaturas favorecen la sudoración. Mantener la piel húmeda durante períodos prolongados, especialmente cuando se combina con ropa ajustada o fricción, puede favorecer irritaciones.
Por ello, es recomendable mantener la piel limpia, utilizar ropa ligera y holgada y ducharse después de actividades que produzcan sudoración intensa. La OMS también recomienda mantenerse fresco, utilizar ropa ligera y beber agua regularmente durante períodos de calor.
- No descuidar la hidratación
El calor puede favorecer la pérdida de líquidos, por lo que mantener una adecuada hidratación es importante para la salud general. La OMS recomienda beber agua regularmente durante los períodos de altas temperaturas.
En cuanto al cuidado tópico, la hidratación debe adaptarse al tipo de piel. Una piel grasa no necesariamente necesita dejar de hidratarse; puede beneficiarse de productos de textura más ligera.
- Cuidado después del sol
Si la piel ha estado expuesta al sol durante varias horas, conviene evitar productos que puedan aumentar la irritación y mantener una rutina sencilla de limpieza e hidratación.
Si aparece una quemadura solar importante, ampollas, dolor intenso o síntomas generales, es recomendable buscar valoración médica.
- Cuidado especial en niños
Los niños son particularmente vulnerables a los efectos de la radiación UV. La OMS recomienda evitar su exposición directa durante las horas de mayor intensidad solar y utilizar sombra, ropa protectora, sombreros, gafas de sol y protector solar.
- ¿Qué debería tener una rutina de verano?
Una rutina básica puede mantenerse sencilla:
Mañana:
Limpieza suave → hidratante adecuada al tipo de piel → protector solar.
Durante el día:
Reaplicación del protector solar → limpieza o ducha después de sudar intensamente → hidratación.
Noche:
Limpieza → tratamiento dermatológico indicado, si corresponde → hidratante.
No es necesario incorporar numerosos productos por el simple hecho de que sea verano. La rutina debe responder a las necesidades reales de cada piel.
Conclusión
El cuidado de la piel durante la temporada de calor no consiste únicamente en aplicar protector solar. Se trata de combinar protección UV, hidratación, higiene adecuada, ropa protectora, sombra y hábitos saludables. La protección solar debe ser constante, especialmente cuando el índice UV es elevado.
